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¡Achachao Culebra!

El grupo de agricultores, después del almuerzo, se dirigía a continuar con la cosecha de maíz. Marcial que encabezaba el grupo se detuvo repentinamente al sentir un aguijón en el dedo pulgar del pie derecho. Al examinarlo observó que le manaba un hilo rojo de sangre, lo estrujo con las manos para verificar si la herida había estada causada por una espina, pero no encontró ningún residuo de la supuesta espina. Al intentar continuar la caminata, un dolor en la ingle lo obligo a desistir.

- ¡Cholos!, no puedo caminar, me duele mucho la pierna -  les gritó a sus compañeros.

El grupo se había alejado lo suficiente, como para no escuchar con claridad el aviso del compañero. Como era el más joven, pensaron que su retraso se debía a su falta de hábito para reiniciar el trabajo. Afanados en avanzar con la cosecha, no se preocuparon de Marcial.

- No será que le haya sucedido algo malo al Marcial- Conjeturó el Goyo.

- Seguramente le agarro flojera al trabajo, ya verán que aparece cuando saquemos la pelota para jugar el partido - dijo Moisés.
- Hablando de partido, ya es hora de parar el trabajo. Carguemos el maíz y regresemos al tambo - Intervino Eleuterio.
El grupo aprobó la propuesta, llenaron sus sacos con el maíz recogido. Cargaron sus sacos a la espalda usando las cortezas de atadijo. Entre bromas caminaron la trocha de regreso al tambo, mientras nombraban  los capitanes para el partido. Uno de los nominados fue Marcial. El otro,  Gonzalo.
Al llegar al tambo apilaron los sacos en el emponado. Gonzalo llamó a grandes voces a Marcial para que empezaran a formar los equipos de fulbito.

-  ¿Marcial, donde estas? Ven tu eres el otro capitán. Ven Cholo, hoy te apuesto la cena y unas copitas de chuchuasi.

Marcial no respondió, no podría ya responderles, al menos por el momento. Empezaron a buscarlo llamando y escrutando la purma y el interior del tambo. Vieron que el mosquetero estaba extendido sobre la tarima. Al acercarse y levantar el mosquetero encontraron el robusto cuerpo juvenil de Marcial extrañamente hinchado y morado. La pierna derecha muy hinchada y del dedo pulgar manaba aun la sangre entre coágulos negros que ensuciaban las rústicas sábanas. Al examinar el dedo, dos pequeñas heridas no calmaban de sangrar

-Seguramente la mordió la jergón – Diagnóstico Goyo- Debemos llevarlo, en el menor tiempo posible, al hospital. Vamos al río. Traigan  la canoa. Tres cholos acompáñenme para remar.
Acomodaron el cuerpo agonizante en el fondo de la canoa. Los cuatro remeros acompasaron sus remos y deslizaron la ligera embarcación por las tibias aguas del Huallaga que iniciaban a devolver la luz de la luna. Allá en lo alto del cielo, el primer lucero de la noche encendía sus débiles luces de esperanza.

Al llegar al puerto de Tocache, encontraron un motociclista, que al informarse de lo ocurrido, les ayudo a trasladar el enfermo al hospital.

En una cama del Hospital de Tocache, conectado a una máscara de oxígeno, con una botella de suero con antídotos antiofídicos esta Marcial recibiendo entre bromas, la notificación de haber perdido la apuesta del partido por no haberse presentado al campo de juego.
-¡La culpa no es mía! Es de esa maldita jergón que me mordió - atina a defenderse Marcial. Pensando en la buena suerte de haber llegado a tiempo al hospital y no se cansa de agradecer a sus compañeros que remaron para llevarlo al hospital.

-Gracias también a la ciencia y a los esfuerzos de los médicos- Continua, muy aliviado del dolor y malestar.  

Comentarios

  1. se conjugaron munchas cosas de tan bonito relato pero desde luego la union que dan los mas desfavorecidos en apoyo es lo que hizo a la ciencia ponerse en accion , esto y la pelicula que he visto esta tarde es de un hecho real un perro era japones y su dueño de hecho alli da una estatua de blonce la pelicula es siempre a tu lado hachiko en fin tu relato y la pelicula lo mejor de este domingo en si es amor del bueno de pureza un manantial para la mente

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  2. Gracias Lucía, por pasar y dejarme tus hermosos comentarios. Que pases un hermoso día.

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