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La Pelota de Trapo

En estos días que estamos en pleno campeonato mundial de fútbol, han venido al evento mis recuerdos de la infancia.  En medio de tanta propaganda a las marcas de pelotas, camisetas, zapatos, zapatillas deportivas y comentarios favorables y desfavorables a las escuadras participantes. Se filtra incontenible una pelota hecha de vejiga de chancho forrada con trapos y ni que hablar de mis ojotas que chutaban esa pelota directamente al arco delimitada con dos piedras.

Aquellos días de 1970, eran de los primeros años en la escuela. La escuela de mi aldea  funcionaba en una casa abandonada por la hacienda Urcon, con unas cuantas carpetas desvencijadas y unos cuantos libros. En un rincón nos esperaba pacientemente nuestra querida pelota de trapo,  el objeto preferido por el que valía la pena esperar y soportar las horas de escritura y lecturas obligatorias.


Cuando el silbato anunciaba el recreo o la finalización de las lecciones, nuestra profesora era obligada a transformarse en árbitro de los partidos que jugábamos en la pampa, que era patio de honor, plaza o campo de fútbol según sea el caso.

Nos organizábamos en equipos, con nombres de equipos que participaban en el mundial de Mexíco 70, siendo los más preferidos Perú y Brasil. En aquel mundial Perú jugó como un gran equipo y nosotros queríamos imitarlos. Sufrimos mucho cuando el Brasil nos eliminó; abandonamos nuestra pelota de trapo en un rincón de la escuela.

Hoy con la vuelta del mundial, ha vuelto también la imagen nítida de esa pelota de trapo, que a pesar de mis años, me veo tentado volver a chutarla con unas modernas zapatillas deportivas, en la hierba bien cortada  del estadio Mandela, hacer  un par de gambetas y dispararla a  esos arcos que han dado la gloria y la victoria a un solo equipo y  la humillación y la derrota a todos los otros.

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